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miércoles, 31 de diciembre de 2014

La bella Mujer (Saga Épica - Cap.4)



“La bella mujer renace en una última metamorfosis”


La gran ave o aeronave con alas de águila y plumas metálicas, volaba sobre el océano, cuando tuvo que enfrentarse a una fuerte tormenta eléctrica con potentes estruendos que no pudo esquivar. La gran masa de cumulonimbos se interpuso en su ruta atrapándola completamente, quedando indefensa en la turbulencia; en un intento de salir un gran rayo la partió por la mitad, cayendo ambas partes al mar, en línea recta vertical acelerada.
Cerca, navegaba el barco sin rumbo.
Las olas encrespadas recibieron las partes desde la superficie, empujándolas y succionándolas al interior, llegando a la profundidad y clavándose como lanzas en el fondo del mar; algunas especies de la fauna marina en esa zona, se acercaron a auxiliar, haciendo uso de la magia de la naturaleza, unieron ambas partes de la gran nave, cumpliendo cada una su labor. Al unirlas se transformó en un gran molusco con un caparazón rosado, de rugosa textura y manchas naranjas, como si fuera otra más de las especies que allí habitaban; sólo se diferenciaba por su gran tamaño.
Pasado el tiempo en el no tiempo, el gran molusco abrió el caparazón, pudiéndose ver su interior de nácar tornasolado, que cobijaba una bella mujer en posición fetal. Al abrirse totalmente, la bella mujer se fue desperezando como regresando de un largo y cansador viaje; abrió sus ojos y salió del caparazón parándose junto a él, por lo cual se podía apreciar su belleza en toda su magnitud. Una larga, ondulada y rojiza cabellera cubría sus hombros y espalda, confundiéndose con los sutiles movimientos del agua; de un rostro sereno y roja boca sensual en armonía con grandes ojos azules; un cuerpo estilizado y esbelto con marcados y turgentes senos cubierto de una pálida piel rosada que parecía tener la suavidad de la seda; de su espalda nacían dos grandes alas de piel que le daban una apariencia angelical.
La bella mujer oceánica extendió los brazos a lo alto rodeando su cabeza y juntó sus piernas haciendo un intento de volar dentro del mar; contempló maravillada la riqueza de la fauna y flora marina en que se hallaba; se vio cercada de  caracolas de diversas formas y colores; la rodearon peces rojos con pintas negras; comenzó a caminar en el fondo del mar, hasta encontrarse con un banco de corales de variados tamaños y se mezcló con ellos hasta sus rodillas, sintiendo la suavidad de los mismos y las algas esparcidas entre ellos.
La bella criatura mujer, naciente de las profundidades del mar, nadó hasta la superficie donde al llegar, fue acariciada por pequeñas olas que parecían jugar con ella. Repentinamente se elevó volando con sus grandes alas de piel, hasta las primeras nubes, que la recibieron envolviéndola en el gran manto celeste.
La cercó un ciclón con nubarrones gigantes, quedando compactada dentro de una masa grisácea, de irregular forma que iba aumentando de tamaño en el tiempo del no tiempo. El sol con sus potentes rayos quebró la masa hasta romperse en pedazos y la gran ave o aeronave con alas de águila y plumas metálicas, surgió de su interior volando a más altura, dejando a su paso destellos de luz, como estrellas que iban explotando y multiplicándose en una danza cósmica iluminando la oscuridad agonizante ante el Poder de la gran ave.

………………………………..

El barco rolando y cabeceando navegaba en mar calmo; el capitán escribía en la bitácora lo recientemente ocurrido en su travesía, cuando vio que se aproximaba, desde lo alto de la proa, la bella mujer oceánica volando con sus grandes alas de piel. Al llegar al barco se paró en la proa saludando al capitán quien le dio la bienvenida y la invitó a reposar en su nave. Ella se sentó en posición de loto, acomodó su larga cabellera ondulada y comenzó a relatar las experiencias de su vuelo oceánico mientras el capitán la escuchaba con amoroso respeto y atención.
La ballena que ya había parido su cría, se acercó a un lateral del barco a darle la bienvenida a la bella mujer, emitiendo un sonido agudo y extraño a su especie a modo de saludo. También se acercó desde el otro lateral, una de las sirenas que había tomado de la poción mágica, que le dio el capitán cuando estaba moribunda. En el aire se percibían aromas florales por la presencia de luminosas energías.
Una vez que hubo reposado la bella mujer, se paró y les dio las gracias por el afectuoso recibimiento y el momento compartido con una leve inclinación hacia adelante; se despidió de ellos extendiendo sus brazos a lo alto y se elevó por el cielo con sus grandes alas de piel, en un nuevo viaje en búsqueda de un espacio firme en tierra, ya que sentía urgencia por una nueva metamorfosis que al parecer sería la definitiva. Divisó la pequeña isla volcánica y se dirigió a ella percibiendo que ese era el cálido espacio buscado para su último renacer.
La bella mujer alada llegó a la isla acompañada de gaviotas que le habían hecho de guías. Una vez que pisó tierra, comenzaron a desintegrarse sus grandes alas de piel cayendo como polvo y quedando partes esparcidas en su cuerpo, formando diseños de “viejas cicatrices” como pintadas con óleo.
Una paloma se acercó a ella, caminó a su lado y de pronto levantó vuelo; la bella mujer la contempló reflexionando sobre el mensaje recibido: “No tendría necesidad de volar con sus alas de piel ya que era de naturaleza humana”, tenía piernas para caminar y no ilusorias alas, que le hacían creer que era una figura mitológica que volaba. La “metamorfosis” se había producido: se borraron las viejas cicatrices de su piel que comenzó a emanar un aroma femenino; acarició su cuerpo sintiendo la suavidad y al llegar a su vientre lo apretó con sus manos, absorbiendo en ellas los pensamientos con miedos y energías oscuras en un acto de “psicomagia” y los liberó al aire dejándolos libres al universo; sus piernas ya no le dolían y caminaba erguida sobre ellas con paso firme sintiendo la energía de la tierra en sus delgados pies. Su vientre plano resaltaba las curvas de su cuerpo.
Sintió en lo más profundo de su Ser, que se convertía en lo que era su esencia: “una mujer plena y libre fundida en el espíritu de la naturaleza”.
Había logrado sanarse.



©Elsa Gillari

(clic sobre imágenes para ampliar)



Viejas Cicatrices 
Óleo sobre lienzo (2003)
(colección privada)




Vuelo Oceánico
Óleo sobre lienzo 110X95 cm. (2003)

(colección privada)


Elsa Gillari
Copyright

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