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sábado, 22 de julio de 2017

El Peaje


Geometría Fractal


Los ruidos de los bocinazos, emitidos por los conductores protestando ante el amontonamiento, a metros del peaje, se le clavaban en su cabeza como agresivos metales; los sentía como una artillería que lo había rodeado; no podía escapar, el cinturón de seguridad era cómplice del ataque, lo mantenía aferrado al automóvil, sólo sus piernas por reflejos y sus manos dirigían los pedales y volante.
Fueron dos minutos que le parecieron una eternidad, con tantas voces, tanta gente gritando, protestando por sus infelicidades.
La única vía de escape que tuvo fue el llanto. Comenzó a gritar, a llorar más fuerte que los ruidos internos y externos. Cruzó el peaje sin pagar ya que los bocinazos habían logrado su objetivo.
Se fue calmando, serenando, secando sus lágrimas y la sangre que brotaba de su dedo medio. El celular gritaba para ser atendido: lo apagó.
Aceleraba respetando su carril hasta disminuir la velocidad para salir de la autopista y doblar antes del puente, a la derecha, luego a la izquierda, vuelta a derecha hasta llegar al cementerio.
Al verlo, sin saber qué era, dio una frenada brusca deteniendo el auto. Se bajó, caminó unos pasos hasta aferrarse al alambrado cubierto en partes con enredaderas. Detrás suyo, la hilera de árboles custodiando su espalda de ambos lados.
Miró hacia adentro, vio el inmenso espacio con césped que parecía decorado cada tantos metros por ramos de flores y uno en especial llamó su atención, ya que junto a él se encontraba una anciana sentada en un banco haciéndole compañía, hablándole.
Levantó despacio su mirada al cielo... el sol le guiñó un ojo.
Reflexionaba como si el tiempo no existiera.
Buscó un espacio lejos del alambrado, uno sin ramo de flores. Con su espada de diamante cavó una pequeña fosa y enterró sus batallas de guerrero y su armadura.
El auto sigue estacionado con una puerta abierta, esperando al conductor que ahora dialoga con la luna...




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