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domingo, 7 de febrero de 2016

¿Trance?




-¡Qué!... ¿estoy muerta?
-Sí.
-Pero… ¿Pasó tanto tiempo y no me di cuenta?
-La mente se resiste a morir e inventa su propia realidad imaginaria que le permite seguir siendo mente. Aquí no existe el tiempo.

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Estoy parada en el pequeño jardín del frente que imagino es mi casa. Veo pasar gente, respiro aire con aroma a jazmín, oigo cantar a los pájaros. La casa de la vereda opuesta, tiene un añejo árbol al que llamo La Alegría, ese que me contó que todos los que pasen caminando debajo de su copa dejan allí sus penas y él, las transmuta en alegrías.
Quiero comprender pero no puedo comprender, (estoy muerta, ya lo sé) porque hace tiempo, está rodeado de  bolsas de basura, maderas viejas carcomidas, pedazos de vidrios, plásticos rotos… deshechos.

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-¿Y cuando he muerto?
-Has partido no has muerto y fue cuando tenía siete años.
-¿Cuándo nació mi hermanito y partió a las cuatro horas? ¿Y me dijeron que mi madre se estaba muriendo y debía ir a despedirme de ella? Que al final, no se murió, me mintieron… recuerdo, todos lloraban… yo no podía llorar ¿para qué iba a llorar si sabía que no iba a partir?
-Sí.
-Ah, comprendo… escuché que estaba en un pequeño ataúd blanco, les dije que lo quería conocer, verlo, que no lo tocaría, les pedí por favor… que me portaría bien pero me dijeron que no podía ser y me dio tanta bronca que me subió la fiebre a cuarenta y dos grados; decían que no me la podían bajar, se lo escuché decir a mi tío el médico, también, el que me daba las medicinas…
No me gusta  estar aquí… no, se sufre.
-No sabes dónde estás.
-¡No!... ¿dónde estoy?

-No te puedo decir, lo debes sentir tú.



Elsa Gillari
© Todos los derechos reservados

Rostro-Espejo


abrí mis ojos; no era la misma
los había cerrado para saber
quien habitaba en mi vientre
         
ya no necesitaba 
tanto aire
ni agua
ni sodio


Elsa Gillari


©