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domingo, 12 de junio de 2016

Tal para cual



Cuando fui a ese negocio, una de las tantas veces, la vi a ella, allí paradita, un poco más baja que yo, como en vidriera entre todas las mercancías; me pareció que me miraba y en su silencio me decía: "llévame" (no le di importancia).
Me fui y sus gritos me imploraban que la necesitaba, que era una parte mía importante, que era la libertad... subí al auto, no podía borrar su imagen, esa presencia poderosa y milenaria se había aferrado a mí, caprichosa, insistente, segura de su actitud.
Pasaron los días y no la podía olvidar... la veía por toda mi casa; comencé a delirar, ya que sentía que me hablaba al oído con tal dulzura semejante al canto de las Nereidas en pleno mar.
Me sedujo. No podía vivir así, sin ella... me sentía incompleta.
Volví al negocio, me paré frente a ella que allí estaba esperándome, nos miramos con amor, y sin pensarlo más, me compré esa escoba.



Elsa Gillari
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