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sábado, 28 de febrero de 2015

La aventura de llegar


Me escondí adentro de una nuez para pasar desapercibida ¡Qué mala suerte la mía! Al Cheff se le ocurrió preparar el pesto al rato de estar yo ahí. Los comensales iban llegando; entre ellos políticos, intelectuales, esotéricos, obispos, economistas, militares, damas de la sociedad, espías y hackers.
El agua para cocinar los spaghettis estaba a punto de ebullición...
Presintiendo el peligro me cambié de lugar y me metí adentro del molinillo de pimienta negra en granos… justo en el momento, que el cocinero introdujo en el mortero trozos de albahaca fresca, dientes de ajo e iba por las nueces.
Los comensales, sentados a la mesa del restaurant, saboreaban platillos de la casa y bebían aperitivos, en una cómplice conversación, intercambiando miradas codificadas, como si estuvieran jugando al truco. Yo sabía que algo estaban cocinando.
Me acordé que el pesto lleva pimienta negra molida; antes que el Cheff manoteara el molinillo me escondí adentro de un huevo, era el lugar más seguro en esos momentos.
Por estar adentro del huevo no podía oír bien lo que hablaban los comensales, y por estirarme a escuchar, quedé en el borde de la mesada… ahí, a punto de caerme; me quedé quietita… quietita; casi me estaba durmiendo hasta que me llegó de la gente esa, una especie de viento, con todos puntitos negros que se pegaron a la cáscara del huevo… ¡Me asusté! El cocinero me vio y me tiró a la basura. El huevo se rompió, salí del tacho como pude sin que me toque un solo puntito negro.
En la vereda del restaurant, había una estatua viviente que representaba a la mujer de la justicia, con una báscula dorada en su mano derecha. Como a mí me gustan los dorados, me acomodé en uno de los platillos, mirando a la paloma blanca que la estatua tenía en el hombro… me guiñó un ojo y yo también.


Elsa Gillari
Código: 1502283351613
Fecha 28-feb-2015 22:37 UTC

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Me voy pero vuelvo


-¡No me diga…! ¿Cómo fue?
-Y… la mejor de todas, se acostó a dormir y no se despertó más.

Las mujeres del pueblo se reunieron para organizarse en las comidas que prepararían, hurgando en el sótano y las despensas de sus casas, mientras que los hombres seleccionaban los vinos añejos que Felipe guardaba en su bodega para este acontecimiento, para el cual había dejado asentado por escrito sus deseos de cómo debía ser su funeral cuando partiera.
Felipe amaba a la gente, poseía un gran sentido del humor, un hombre con carisma, hacía lo que sentía sin juzgar a nadie, bohemio enamorado de la vida, entregado a los placeres de la carne… a su paso dejaba sonrisas y una energía especial que lo hacía la persona más amada en el pueblo. De gustos extravagantes que no encajaba con el resto de la población. Tuvo amoríos con las mujeres más jóvenes y hermosas, aunque algunas no tanto… sin importar su estado civil; era un seductor irresistible por lo que ellas se rendían ante él.
La  casa de velatorios del pueblo abrió sus puertas, para festejar la partida del único artista y escultor.
En el centro de la plaza, frente a la Iglesia, se exhibía una escultura surrealista en metal, con su firma.
El frente de la cochería “Me voy pero vuelvo” (bautizada por Felipe) estaba pintado con un mural por él mismo, al igual que los muros interiores de la gran sala; Había retratado en cuerpo entero a los habitantes que ya habían partido, y según el artista, plasmó sus almas en las paredes para así poder acompañar a partir, a los que seguirían, no vaya a ser que se pierdan en su viaje sin retorno. Todo en el recinto estaba pintado por él e iluminado con luces psicodélicas; más que una sala de velatorios parecía una galería de arte.
Del techo pendían de tanzas, diversos pájaros multicolores hechos en papel maché… de picos curvos algunos y otros regordetes con ojos saltones… todos ellos semejaban estar volando en el recinto, simbolizando el último vuelo de los finados.
La gente se ocupó de preparar todo para su fiesta de despedida  como lo había pedido él en las instrucciones. Sobre mesas con manteles blancos ubicaron la comilona y los vinos.
Al fondo, tendido sobre la que fuera su cama estaba Felipe como reposando en ella; lo habían maquillado y vestido con su mejor traje de fiesta… su rostro lucía una sonrisa de labios pegados. Con su mano izquierda sostenía su paleta de pintor y unos pinceles; con la derecha abrazaba a su violín Stradivarius heredado de su padre, con el cual algunas noches tocaba en la taberna alegrando a los parroquianos.

La orquesta del pueblo se hizo presente, mientras la gente cantaba y bailaba al son de la música; comían y bebían… reían, se abrazaban y besaban, el espíritu de Felipe se había apoderado de todos ellos.
Las mujeres más viejas vestidas de negro, rezaban el rosario por su alma;  según ellas era un pecador por no formar familia y tener hijos como la religión manda; no fueron invitadas por él pero creían estar salvando su alma haciendo ese acto de caridad religiosa.
Los pueblerinos se turnaban para despedir al artista;  la fiesta duró un par de días, hasta que el cadáver comenzó a emanar un olor nauseabundo… motivo por el que fue terminada la celebración. Siguiendo sus instrucciones,  lo introdujeron en un cajón y lo llevaron al crematorio sobre un carromato tirado por dos caballos blancos.
Todos en caravana llegaron al crematorio.
Se depositó el cuerpo para ser incinerado; en respetuoso silencio conteniendo el llanto… esperaron hasta que se convirtió en cenizas, quedando en el aire el espantoso olor, desprendido por los cuerpos cremados, saliendo el humo por la chimenea que el viento  expandió en los alrededores... luego por todo el pueblo, hasta llegar la primera lluvia, que al irse dejó aroma a esencias como señal de la eterna presencia de Felipe.
Las que fueron sus amantes se disputaban sus cenizas;  cada una las guardaba en una pequeña caja de madera como recuerdo del artista amante… no quedando nada de Felipe, cumpliendo con su deseo.

El pequeño Serafín logró manotear el violín y salió corriendo a su casa sosteniéndolo con fuerza entre sus brazos, guardándolo al llegar como un gran tesoro. El niño vivía sólo con su madre de la cual llevaba su apellido.


-¿Serafín… quién te ha enseñado a tocar tan bien el violín?
-Fue Felipe, cuando iba a tomar clases de pintura con él…

El único patrimonio que poseía Felipe era su original casa surrealista, la cual fue heredada por su hijo Serafín que nunca supo quién era su padre.

…………………………

Cuando alguien fallece en el pueblo, el cielo se cubre de nubes rosadas y violetas por un instante, luego cae una llovizna con aroma a incienso… la gente comienza con los preparativos, la casa de velatorios abre sus puertas, pudiéndose ver en su interior a Serafín tocando el Stradivarius y al difunto pintado en la pared con la pintura todavía fresca.



Elsa Gillari
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Fecha 24-feb-2015 15:31 UTC
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domingo, 22 de febrero de 2015

Las Fiestas

En las fiestas se luce la hipocresía, nadie quiere ir pero todos van, se disfrazan los secretos intoxicando el aire, se estrenan máscaras para la ocasión, se soportan con el alcohol la marihuana y la comilona en reemplazo de lo que no se puede digerir (los autos y motos esperan silenciosos el regreso a casa)... la mujer de la carterita no la deja porque teme perder su identidad en ese encuentro de almas solitarias que actúan divertirse y reír a carcajadas; se fotografían las tribus con su obligada falsa sonrisa; todos bailan porque se debe bailar con la música... el cotillón barato luce costoso con un poco de ingenio junto a la infaltable torta con luz artificial... al final, el souvenir termina de adorno en el mueble pero nadie se anima a tirarlo.





Elsa Gillari
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viernes, 20 de febrero de 2015

Y no lo sabía...



Lamí mis heridas
Cubrí con ungüentos mis quemaduras
Junté mis cenizas
Uní mis fragmentos
Corté mis alas
Pisé tierra firme
Planté un árbol
Limpié mis pensamientos
De oscuras energías
Lloré…
Me arrastré…
Hasta inflamar mis pies
Mi vientre
Me asusté
Volví a llorar
Una y otra vez
Tenía cáncer
Y no lo sabía
Me sané
"Perdonándome
mis sufrimientos
y amándome"
-Sin medicinas-
…………………
(Sólo queda el recuerdo
de cuando
me había rendido
por tantas injusticias)
...........................
Hoy brindé…
“Por estar sana y viva”



Elsa Gillari
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Fecha 18-feb-2015 8:24 UTC
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jueves, 5 de febrero de 2015

Mamut



"Mamut" fractal
Elsa Gillari
registro Aicoa
(clic sobre imagen para ampliar)


La giro y la miro de los cuatro lados; cada lado me dice algo diferente... pero todos me relatan sobre el inconsciente colectivo “del cerebro reptiliano” o inconsciente biológico, la historia de la humanidad desde el mamut... desde el hombre de las cavernas.
Cuando la estaba creando vi un mamut, me impresionó la imagen, la sentí con mucha fuerza y no la seguí trabajando… estaba mirando una imagen prehistórica…




domingo, 1 de febrero de 2015

Un barrio de tantos




Era un barrio singular de características que le daba una idiosincrasia que aún conserva… con mayoría de inmigrantes europeos que construían ellos mismos sus casas y algunos negocios de variados ramos en la calle principal, acunando un proyecto de crecimiento a centro comercial.
Se podría decir un barrio joven donde la mayoría de la gente no amaba a los árboles ya que pocos eran los que se veían. De casas bajas, sin edificios, ubicado en la periferia que en un principio fue campo,  con una estancia de dos plantas y estilo inglés perteneciente a adinerados de la elite que lotearon sus campos para la construcción del pueblo. Los fundadores se ocuparon de tener el ferrocarril y la vieja estancia pasó a ser su estación de tren que aún se conserva; éste trasladaba a los habitantes hasta la capital. Escasos autos circulaban; el pueblo fue creciendo conformado por barrios, de esos tranquilos que los habitantes salían sin temor alguno. Una línea de ómnibus los unía a todos en cortos trayectos, siguiendo la ruta de la calle principal de tierra que en días lluviosos se encajaba en el barro.
La calle principal nacía en la estación de tren, extendiéndose hasta el pueblo vecino; fue la primera en asfaltarse para felicidad del pueblo que a poco iba perdiendo su aroma campestre y crecía como urbe.
……………
Teresita era una mujer de mediana estatura, regordeta, cabello corto ondulado con canas y de un andar rápido de pasos cortos. Teresita salía de su casa modesta en la que vivía con sus ancianos padres sobre la calle principal. Salía por las tardes a caminar siempre a la misma hora, recorriendo unas pocas cuadras. Los niños la llamaban “Teresita, la loca” y se sumaban a su paso acompañándola en un divertido e imaginario juego. Teresita caminaba y hablaba sola en voz alta como si conversara con alguien, acompañándose con gestos de manos que algunas veces parecía que jugaba a “don pirulero”. Los niños la imitaban en sus gestos, se reían y cuando le hacían preguntas Teresita no respondía y seguía conversando con sus interlocutores invisibles. Ella se veía feliz rodeada de niños que parecían mariposas en su mundo fantástico, ausente al que nadie tenía acceso. Los niños eran como duendes caminando, saltando de alegría y cantándole a su amiga que sabían que no los ignoraba como a los adultos… “unidos en un pacto mágico” Teresita y los niños interrumpían la siesta con algarabía en la calle principal.
……………
Sofía era una joven de baja estatura, cabellos rojizo de lacio despeinado y  mal cortado por ella misma; de boca pulposa que al hablar se le caía la baba mostrando una dentadura defectuosa; su aspecto desprolijo se acentuaba más en su vestimenta sucia con la infaltable falda corta mostrando unas piernas deformes que sostenían un cuerpo casi encorvado; una blusa vieja a la que usaba casi desabrochada para mostrar sus voluptuosos senos. Sofía caminaba segura y convencida que era una perfecta prostituta autodidacta.
Por las noches en la desolada calle principal, Sofía la recorría en un gran tramo marcándolo como su territorio, con sus tacones viejos y su cartera desteñida que en ella guardaba celosamente lo recaudado, para dar de comer a su madre y hermano con el cual tuvo un hijo y también debía alimentar. Sofía caminaba y caminaba… cuando un cliente se le acercaba, comenzaba a actuar un torpe coqueteo sensual que lejos estaba de serlo, ya junto a ella… se sacaba un tacón inclinándose un poco tocando su pie, apoyaba una mano en la pared negociando su servicio. Quienes alquilaban por un rato su cuerpo se escondían con Sofía en recovecos oscuros de los laterales hasta saciarse… y luego ella continuaba caminando.
Una tarde por la calle comercial me crucé con Sofía, la miré con ternura y me devolvió una mirada celeste que me dijo: “es lo único que sé hacer” y mi familia tiene hambre.
Pasados unos años se decía en el barrio que Sofía padecía sífilis y otras enfermedades venéreas; en su precaria y sucia casa sólo había quedado el hijo de Sofía, de aspecto descuidado, y sobreviviendo gracias a la ayuda de los vecinos; ya nadie la recuerda en la calle principal del centro comercial iluminado por las noches y sin recovecos oscuros.
La calle principal tiene grabada las huellas invisibles de dos populares  mujeres que los nuevos y actuales habitantes no conocieron pero los viejos que quedan, las recuerdan como parte de su historia en un rincón de su corazón junto al nacimiento del pueblo… la llegada del último tren que alimentaba a la familia de Sofía y las tardes soleadas que Teresita caminaba hablando sola.



Elsa Gillari
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