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miércoles, 31 de diciembre de 2014

El Chamán (Saga Épica - Cap.5)



“La Sabiduría del Chamán y los nuevos paradigmas”

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En el barco, el capitán recibía visitas de otros tiempos pasados y futuros; todo lo registraba, al igual que la ruta, las puestas de sol y los hechos acontecidos más destacados.
De una navegación serena, el barco entró en un temporal con fuertes tormentas, de nubes cargadas de lluvia, olas embravecidas por lo que el capitán tuvo que acudir a su tesoro que mantendría equilibrada la nave en situaciones extremas. Enormes y revueltas olas se elevaban por encima del barco. Truenos y relámpagos hacían temblar el cielo; monstruosas criaturas de tres cabezas rugiendo desde lo alto, amenazando devorar al barco con sus grandes fauces. De las aguas surgían reptiles gigantes con lenguas de fuego emitiendo moribundos lamentos. La oscuridad era absoluta, el pánico se apoderó de la tripulación que temía un mal desenlace ante esa furia marina jamás experimentada, pero no el capitán que se mantenía en el Poder y no conocía el miedo.
Los colores del barco cambiaron a un negro azabache, confundiéndose en la oscuridad reinante, no parecía existir con su estructura, formando parte del caos en que se encontraba como un átomo en la inmensidad.
El capitán salió de su puente de mando -en forma de una masa luminosa blanca fosforescente-, enfrentando el caos. Los monstruos se quebraron en pequeños trozos oscuros, cayendo al mar que al tocarlo brillaban como el oro. Los reptiles gigantes se convirtieron en una nueva especie marina siendo la más hermosa de la fauna. Las aguas se calmaron, las olas apenas ondulaban reflejándose en ellas el plateado brillo de una gran Luna Matriarca. El negro azabache del barco cambió a su colorido abstracto original.
La Jerarquía Cósmica  se hizo presente inclinándose ante el capitán.

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El barco se acercaba al continente…
En el continente cerca de la costa se encontraba una cadena montañosa de baja altura, rodeada de verdes praderas y cristalinos ríos.
Sobre la costa se encontraba un pueblo de pescadores, entre el mar y las montañas, el mismo pueblo natal del anciano emigrante pescador que volvió para partir en paz. El poblado estaba constituido por familias o tribus descendientes de clanes protegidos por el mayor de cada clan. Las mujeres cuidaban y los hombres vigilaban el territorio de su familia.
Junto a una de las vertientes de las montañas había una rústica cabaña de troncos que desprendía humo de su chimenea a leña. Pequeños bosquecillos de abedules y cipreses con cantos de zorzales y calandrias, ovejas pastando, semejando una pintura paisajista campestre. El interior de la cabaña tenía moblaje artesanal de madera, que parecía formar parte de la naturaleza, o más bien una continuación de ella. La sala principal emanaba fragancias a flores silvestres y en el dormitorio a frescas lavandas cuyo perfume se había impregnado en las sábanas de lino blanco.
Manojos de hierbas y flores secas colgaban en su interior, las que luego eran utilizadas para extractos y brebajes curativos.
Un gato blanco simbolizando el Poder y otro negro simbolizando la Fuerza, dormían sobre la chimenea.
En la parte trasera había árboles frutales y una gran huerta de coloridos vegetales muy cuidada por el Chamán que habitaba en la cabaña, al cual consultaban los habitantes del pueblo de pescadores y otros pueblos aledaños. También un molino de viento que lo proveía de agua.
El solitario hombre estaba conectado con el espíritu de la naturaleza y sus elementos.
La gran ave sobrevolaba la cadena montañosa descendiendo hasta llegar a una meseta junto a la cabaña. Allí permaneció en el tiempo del no tiempo conectada con su doble que poseía al igual que el barco y el Chamán. El reposo del sueño era necesario para liberarse de la oscuridad de la Fuerza y emprender nuevos vuelos.
La gran ave había llegado al Chamán para ser sanada por él.
El Chamán dio la bienvenida a la gran ave, la contempló… y con su magia y poderes sanadores transformó sus alas de águila con plumas metálicas, en alerones de plumas doradas, muy suaves al tacto como todo su plumaje también dorado. La envolvió en una luz blanca y la gran ave levantó vuelo, alejándose en el cielo con su oro luminoso.
Para purificar su alma humana corruptible e imperecedera, el Chamán logró vencer al Ego o la Fuerza y su cadena de pensamientos de miedos con informaciones reales, irreales e imaginarias, que a la vez generaban energías oscuras, y lo mantenían anclado a las dos emociones primarias: “el miedo y el amor”. En su proceso de evolución e iniciación el Chamán fue liberándose de mandatos y programas, purificándose de la toxicidad de sus ancestros de su árbol genealógico eligiendo estar en el amor, en el Poder “ese estado de conexión de su alma con su espíritu” en la que no interviene la razón ni los pensamientos, en consciencia y contemplación en el Samadhi donde se alcanza la unidad con la Fuente o la Creación.
El Chamán controlaba el micro clima de la zona y  el mar en la costa, como también la abundancia de peces para beneficio de los pescadores, quienes le obsequiaban de su pesca en agradecimiento.
En épocas estivales, la cabaña se rodeaba de flores, abejas y mariposas multicolores. Los árboles daban abundancia de frutos y la huerta exquisitas hortalizas y vegetales que todo hacía de alimento para él.
El espíritu de la naturaleza lo colmaba en abundancia. Caminaba por los diferentes pueblos dejando a su paso Fractales de pensamientos de amor que los pobladores percibían en el Éter. Algunos pobladores que fueron sanados por él, campesinos, pescadores, jóvenes, escritores y artistas,  lo visitaban y consultaban en su cabaña a quienes el Chamán les transmitía su sabiduría sobre los Nuevos Paradigmas.

“La gran ave dorada y luminosa, volaba sin rumbo en la nada”.




Fin






Elsa Gillari
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