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miércoles, 22 de febrero de 2012

Crónica


   Haciendo una revisión y corrección de mi producción literaria, me he encontrado con este texto escrito en febrero del 2012.
Me ha llevado a una reflexión, a un balance de estos cuatro años transcurridos hasta hoy.
Encuentro que no soy la misma, "que aprendí a amarme".



No es bueno eso de andar por la vida cargando con muertos vivos.
A uno le duelen las cervicales por las contracturas, y dele hacerse masajes con pomadas anti-inflamatorias, pero nada, el efecto dura poco tiempo.
¡Ah, yo iba a un médico chino que me curaba haciéndome acupuntura! ¡Uy, cómo dolían esas agujitas!
Es que tenía la mala costumbre de hacerme cargo de los problemas ajenos. Ni siquiera me pedían ayuda, pero ahí estaba tratando de dar una mano, un consejo… alivio, contención.
Una frase reza: “Consejo no pedido, consejo no escuchado”, la conocía bien, pero seguía en la misma postura obsesiva.
También estaban los que me pedían ayuda, e iba corriendo postergando mi vida personal, porque la cuestión era ayudar al otro siempre. Desinteresada, nunca pedía nada a cambio, altruista las veinticuatro horas. Me daban las gracias –eso sí, muy amables- pero cuando necesitaba yo, de no creer: nadie recurría a ayudarme. Siempre me las tuve que arreglar sola.
Ni hablar de la energía. Tenía una pseudo amiga que la llamaba “tóxica”, era más oscura que la misma noche; esas que mejor perderlas que encontrarlas, verdaderos vampiros psíquicos/energéticos.
Llegó un momento que me cansé, sí, me cansé y bastante. Es que por cargar con tantos muertos vivos el cuerpo se resiente y da síntomas. La salud mental y física se altera.
Aprendí que hay personas que se alimentan y funcionan con luz y otras con oscuridad, ya que tenemos el  libre albedrío. Y lo más importante, no emitir juicios de valor ni ser intervencionistas con los demás, no hacernos cargo de lo que no es nuestro, ya que percibimos como propio lo ajeno. Cada uno elige vivir como quiere y no ayudar si no nos piden ayuda.
Ahora  estoy muy ocupada limpiando mi cabeza, tirando lo que no me sirve, experimentando un gran cambio. Ya no necesito ir al médico chino ni soportar las agujas.
En fin…



Cuando me cansé de luchar, me rendí.
Cuando me rendí, me encontré.
Cuando me encontré, me amé.
Cuando me amé...
comencé a amar a los demás...
y el poder de mi amor me hizo libre.


Elsa Gillari
©

Mayo 2016



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