Llevaba años en una investigación, muy pero muy
importante.
Se trataba de descubrir “la fórmula de la felicidad”. Fue
un trabajo muy arduo y de mucha paciencia. Pero yo no aflojaba, seguía y
seguía.
Hice bocetos
sobre la fórmula; cuando la llevé al
soporte el resultado fue otro. Me decepcionó
bastante el trabajo final, pero como
soy obsesiva, seguí investigando y probé en hacer un plano. Al pretender
concretar mi obra –basada en el plano- en madera balsa, ésta no lo resistió.
Lo imaginé en
metales, pero no: esa no era la idea. Los metales son fríos y duros; mi fórmula
se basaba en elementos cálidos y
blandos, suaves texturas al tacto.
Busqué datos en
internet, hasta en la misma Wikipedia.
Contaba con todas
las herramientas necesarias y la mano de obra, por cierto la mía. A veces
buscaba ayudantes pero no daban con mi
target y debía despedirlos.
Mi trabajo era lo
más parecido al de un alquimista. Sí, de un alquimista queriendo transformar
piedra en oro.
“¡Eureka, la
encontré!” dije un día. Pero no: parecía pero no era. Insistente y tenaz como
soy, seguí investigando, sin resultados
.
.
De no creer los
años que invertí en este proyecto agotador que ya era
parte de mi vida: me había encariñado con la fórmula que debía tener imágenes,
aromas, sabores, música y sentimientos.
¿Y esto qué es?: “Uno hace hasta donde puede y hasta donde los
demás lo dejan”,- leí esta frase en un texto y me la grabé a fuego-.
No es que me la
quiera dar de buena, ya que todos sabemos que en el Ser Humano existe la
dualidad, pero aseguro que mi proyecto era para regalárselo a la Humanidad,
además de consumo propio.
En fin, reconozco
que me equivoqué en buscarla afuera. La descubrí cuando frente al mar
contemplando su belleza, descalza sobre la arena, con el sol en mi piel, por tres segundos dejé mi mente en
blanco. Así descubrí “la fórmula de la
felicidad”.
Por ahora la
tengo a prueba, veremos…
elsa gillari
safe creative: 1201250966965





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