Páginashttps://blogger.googleblog.com/2015/12/highlight-posts-that-matter-most.html

jueves, 14 de abril de 2011

EMOCIONES...


(clic sobre imagen para ampliar) 



Debo controlar mis emociones; no es cosa de andar por la vida alterada por situaciones que se presentan inesperadamente, produciendo cortocircuito en las neuronas y desestabilizando la coherencia emocional.
Sucedió, que falleció mi tía Felisa a causa de una enfermedad terminal; mi querida tía en la que tenía esperanzas que iba a seguir viviendo, ¡Pero no!
Cuando me avisaron de la noticia me afectó y más por eso del temor que le tengo a la muerte, que anda por ahí asustando a personas sensibles como yo.
Me dieron la dirección del velatorio y me dirigí allí, bajo un estado de emoción profunda, desgarradora, hasta me animo a decir en estado de bio-shock.
Es que nunca voy a velorios, me impresionan los cadáveres, pero en este caso se trataba de mi tía y debía ir a despedirme. Me armé de valor y fui.
Llegué al recinto sola con mi alma dolorida.
-¿Desea tomar un cafecito?
-Sí, gracias.
-¿Un sanguchito de miga?
-Sí, gracias.
Al fondo de la sala, separada por un tabique, se encontraba el féretro rodeado de coronas de flores, que en los velatorios adquieren olor a muerte para estar acorde a las circunstancias.
Me acerqué a mi ya finada tía con el pocillo de café en mano. La miré y el llanto se apoderó de mí nublando mis ojos. Comencé a tener un diálogo imaginario con ella a modo de despedida, en absoluto silencio y agradeciéndole los buenos momentos compartidos, desde mi infancia hasta los últimos acontecidos.
Estaba maquillada; una peluca reemplazaba su cabello rubio -para mejorar su aspecto-, que supuse le pusieron, ya que la quimioterapia le había producido una notable calvicie. Una sonrisa fingida en sus labios mal pegados con pegamento para evitar la emanación de nauseabundos olores, en el transcurso de las horas.
La veía algo diferente a como era en vida, supuse que era lógico en un cadáver. Tenía las manos cruzadas sobre su pecho con un rosario. Yo, con suma ternura deposité sobre sus manos, tres rosas blancas sujetas con un lazo de seda violeta. Acariciaba su rostro suavemente, sintiendo ese frío que indica falta de vida. Pero era mi tía Felisa y mis últimos momentos con ella.
En un descuido al querer acercarme más, se me volcó el café sobre su mortaja; miré a los costados, algunos tenían sus ojos sobre mí... ¡Es que estaba impresionada y cometí ese descuido! Disimuladamente, corrí las rosas sobre la mancha de café para taparla.
-¡Oiga, tenga más cuidado! ¡Mire lo que hizo!
-¿Y usted cree que lo hice a propósito? ¡No me moleste en este momento por favor, fue un accidente!
Había personas que yo no conocía, a lo cual no le di importancia porque ella tenía muchos amigos, me miraban de reojo y hablaban entre ellos.
-Disculpe… ¿Usted la conocía?
-¡Por supuesto! ¿Qué me dice?
Me miraban, en silencio respetando mi momento junto a la muerta.
La besé, dejando sin querer mi huella de labial rojo sobre su frente; con sumo cuidado se la quise tapar con un mechón de su peluca, pero ésta se corrió bastante y quedó desacomodada, media de costado tapándole parte del rostro.
-Una preguntita y no lo tome a mal: ¿De dónde conoce a Clotilde?
-¿Cómo Clotilde?... pero, pero… ¿No es mi tía Felisa?
-Ya sabía yo que usted es una intrusa. Clotilde es mi madre y le conozco sus amistades ¿quién es usted?
-Disculpe, hay una confusión: yo tengo este domicilio donde se está velando a mi tía Felisa.
-Ella no es su tía, y hágame el favor de retirarse. ¡Mire cómo la ha dejado a la pobre!
- Le juro que son muy parecidas… ¿Y dónde está mi tía entonces?
-¡Qué sé yo donde está su tía! Por favor retírese ya mismo.
De pronto, en medio de esa confusión, aparece mi primo, me toma del brazo y me dice despacio al oído:
-¡A la tía la están velando en la sala vecina, te equivocaste de muerta! Vámonos de aquí, yo te indico… ¡Menos mal que te vi llegar; cuando te busqué no te vi allí!
A pesar de mi estado de conmoción... ¡Me pareció extraño no ver a ninguno de nuestros familiares!

-¿Un cafecito?
-¡No, gracias!








  
Elsa Gillari
©