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jueves, 21 de abril de 2011

OPCIONES





   En esa negra noche el riachuelo me invitaba al suicidio. Contemplé las aguas turbias con mis recuerdos, suspendida en el tiempo, esperando una respuesta que no tenía. Me aferré a la baranda del puente y lo seguí mirando desafiante.
   Por un instante pensé en la vida; en mi nefasta vida buscando una fórmula final de felicidad o una estrategia suicida que no fallara esta vez. No eran humores acuosos de suciedades cloacales el método planeado para el final, pero ya no importaba.
   Un niño de la calle se acercó a pedirme una moneda, y pude ver en sus ojitos buscando soles el dolor del hambre; no pude evitar llorar.
   -Una monedita por favor…
Sus pies descalzos y su cuerpo vestido con harapos me hablaban de una inocencia perdida. De noches frías debajo de un puente. 
  Le di unas monedas y acaricié su piojosa cabellera, sintiendo que eran hilos de seda en la cabeza de un ángel. Se marchó con una sonrisa agradeciéndome el bocado recibido.
  El cielo se iluminó de estrellas.
  El riachuelo se transformó en un mar azul; su barro era una fina arena cálida que me invitó a recostarme en posición fetal.
  Acababa de nacer y un ángel me indicó el camino.




elsa gillari
*Safe Creative

martes, 19 de abril de 2011

ENSUEÑO



obra digital
Elsa Gillari
registro Safe Creative
todos los derechos reservados



Un fragmento escultórico de cuerpo color rosado salmón y una varilla de madera a su lado flotando en el aire.
Me dijeron que los pinte.
El día se veía diáfano amaneciendo, iluminando la escena que posaba para mí. Activé mi registro de memoria y lo copié en él para no olvidarlo
Luego, regresé de mi viaje astral…




Elsa Gillari
*safe creative

jueves, 14 de abril de 2011

EMOCIONES...


(clic sobre imagen para ampliar) 



Debo controlar mis emociones; no es cosa de andar por la vida alterada por situaciones que se presentan inesperadamente, produciendo cortocircuito en las neuronas y desestabilizando la coherencia emocional.
Sucedió, que falleció mi tía Felisa a causa de una enfermedad terminal; mi querida tía en la que tenía esperanzas que iba a seguir viviendo, ¡Pero no!
Cuando me avisaron de la noticia me afectó y más por eso del temor que le tengo a la muerte, que anda por ahí asustando a personas sensibles como yo.
Me dieron la dirección del velatorio y me dirigí allí, bajo un estado de emoción profunda, desgarradora, hasta me animo a decir en estado de bio-shock.
Es que nunca voy a velorios, me impresionan los cadáveres, pero en este caso se trataba de mi tía y debía ir a despedirme. Me armé de valor y fui.
Llegué al recinto sola con mi alma dolorida.
-¿Desea tomar un cafecito?
-Sí, gracias.
-¿Un sanguchito de miga?
-Sí, gracias.
Al fondo de la sala, separada por un tabique, se encontraba el féretro rodeado de coronas de flores, que en los velatorios adquieren olor a muerte para estar acorde a las circunstancias.
Me acerqué a mi ya finada tía con el pocillo de café en mano. La miré y el llanto se apoderó de mí nublando mis ojos. Comencé a tener un diálogo imaginario con ella a modo de despedida, en absoluto silencio y agradeciéndole los buenos momentos compartidos, desde mi infancia hasta los últimos acontecidos.
Estaba maquillada; una peluca reemplazaba su cabello rubio -para mejorar su aspecto-, que supuse le pusieron, ya que la quimioterapia le había producido una notable calvicie. Una sonrisa fingida en sus labios mal pegados con pegamento para evitar la emanación de nauseabundos olores, en el transcurso de las horas.
La veía algo diferente a como era en vida, supuse que era lógico en un cadáver. Tenía las manos cruzadas sobre su pecho con un rosario. Yo, con suma ternura deposité sobre sus manos, tres rosas blancas sujetas con un lazo de seda violeta. Acariciaba su rostro suavemente, sintiendo ese frío que indica falta de vida. Pero era mi tía Felisa y mis últimos momentos con ella.
En un descuido al querer acercarme más, se me volcó el café sobre su mortaja; miré a los costados, algunos tenían sus ojos sobre mí... ¡Es que estaba impresionada y cometí ese descuido! Disimuladamente, corrí las rosas sobre la mancha de café para taparla.
-¡Oiga, tenga más cuidado! ¡Mire lo que hizo!
-¿Y usted cree que lo hice a propósito? ¡No me moleste en este momento por favor, fue un accidente!
Había personas que yo no conocía, a lo cual no le di importancia porque ella tenía muchos amigos, me miraban de reojo y hablaban entre ellos.
-Disculpe… ¿Usted la conocía?
-¡Por supuesto! ¿Qué me dice?
Me miraban, en silencio respetando mi momento junto a la muerta.
La besé, dejando sin querer mi huella de labial rojo sobre su frente; con sumo cuidado se la quise tapar con un mechón de su peluca, pero ésta se corrió bastante y quedó desacomodada, media de costado tapándole parte del rostro.
-Una preguntita y no lo tome a mal: ¿De dónde conoce a Clotilde?
-¿Cómo Clotilde?... pero, pero… ¿No es mi tía Felisa?
-Ya sabía yo que usted es una intrusa. Clotilde es mi madre y le conozco sus amistades ¿quién es usted?
-Disculpe, hay una confusión: yo tengo este domicilio donde se está velando a mi tía Felisa.
-Ella no es su tía, y hágame el favor de retirarse. ¡Mire cómo la ha dejado a la pobre!
- Le juro que son muy parecidas… ¿Y dónde está mi tía entonces?
-¡Qué sé yo donde está su tía! Por favor retírese ya mismo.
De pronto, en medio de esa confusión, aparece mi primo, me toma del brazo y me dice despacio al oído:
-¡A la tía la están velando en la sala vecina, te equivocaste de muerta! Vámonos de aquí, yo te indico… ¡Menos mal que te vi llegar; cuando te busqué no te vi allí!
A pesar de mi estado de conmoción... ¡Me pareció extraño no ver a ninguno de nuestros familiares!

-¿Un cafecito?
-¡No, gracias!








  
Elsa Gillari
©



domingo, 10 de abril de 2011

HOMBRE GRIS


"Hombre Gris" óleo en barra y tinta china - 70 X 50 cm.

Elsa Gillari

©Derechos de Autor reservados,

prohibida su reproducción y derivados

(clic sobre imagen para ampliar)


Hombre Gris

hombre gris que divagas lacerado
hombre gris sin aroma de madre
hombre gris agónico en el Hades
hombre gris
siempre serás gris
no conoces de  colores

©
Elsa Gillari

10-04-11
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Extensión complementaria el 16-03-16

 Esta pintura la he creado inspirada por un aluvión de imágenes y palabras que guiaron mis manos para que así lo hiciera, para plasmar mi visión del  "Hombre Gris". Algunas de las palabras conceptuales que aún recuerdo son: rutina, resignación, repetición de actos diarios sin placer, apegos, cargas innecesarias, falta de amor, soledad en compañía, mandatos, creencias. Un Ser Humano que sólo se rige por la razón y su lógica, inmerso en un sistema manipulador al que no desea apartarse por su conformismo, su comodidad básica material, a gusto sin más pretensiones, que requieran un esfuerzo extra y un enfrentarse con su dolorosa realidad y asumir los cambios a los que tanto teme.


"Nuestra realidad subjetiva no es la realidad general"



El Arte es un enorme árbol con frondosas ramas, tal vez una añeja Sequoia simbolizando el árbol de la vida. Las ramas se entrelazan entre sí y re-crean otras obras, que se van multiplicando en Geometría Fractal Infinita, con registro de las anteriores.

He leído este profundo texto de Héctor Fariña, seudónimo hachefe quien amablemente lo ha cedido a mi pedido, para acompañar  la pintura, completando mi propia visión subjetiva  que me llevaron a pintarla y complementándola con su "hombrecito verde"




Esas mañanas en las que dos, no existe. O los pro y los contra de ser un hombrecito verde



1
Como cada mañana, el despertador sobresaltó a Guzmán. 
El mismo atolondramiento. Las mismas pocas ganas. La misma rutina que no es necesario describir.
Con los ojos entrecerrados, como queriendo prolongar el sueño, deambula hasta el baño. Necesita mear. Apoya una mano sobre la pared y con la otra dirige el chorro. El clásico sonido del líquido golpeando al agua lo satisface. Mientras se vacía, mira su mano apoyada en la pared. Una mancha oscura resalta sobre lo blanco; exactamente bajo su mano y se pregunta cuántas veces hizo lo mismo. Cuántas costumbres dejan marcas. Solo marcas. Retira la mano apresurado, como si eso fuera a devolver lo impoluto a la pared.
Se lava la cara y los dientes y pasa las manos por su pelo que no necesita peinar. Por primera vez se mira al espejo.
2
Lo que ve, lo hace dar un salto hacia atrás. Su corazón late con fuerza y su piel se eriza. 
Su imagen reflejada no lo mira. Se mueve con él, está tan desnuda como él, pero no lo mira. Mantiene la cabeza gacha. 
Mueve el espejo y se fija detrás buscando el truco, la broma de alguien. Nada.
Todo su cuerpo tiembla ante lo inexplicable y grita. 
—¡¿Qué pasa?! ¡¿Qué carajo pasa…?!
—¿Qué pasa? —pregunta la imagen del espejo—. Me avergüenza ver en qué nos convertimos. Éramos un hombre. Con defectos, con miedos, con errores. Pero con la suficiente valentía para enfrentarlos. ¿Y ahora…? 
3
Guzmán se apoya  sobre el lavatorio. El agua sigue saliendo de la canilla formando un remolino que la hace desaparecer. La cierra, pero antes que se vayan los últimos restos, pone el tapón y toca el agua que queda aprisionada. La acaricia. La deja escurrir entre sus dedos. Una lágrima cae y se mezcla. Todo parece mezclarse.
Al fin, la deja ir. Hasta la última gota.
Vuelve a mirar el espejo y se enfrenta con su mirada.
4
Afuera, solo era un día más. El otoño estaba siendo benevolente. La gente apurada, enfrascada en sus pensamientos. Consultando sus teléfonos como si allí hubiera alguna respuesta. En la esquina, todos coincidían en una mirada. 
Los hombrecitos del semáforo.
Uno imponiendo el orden. Diciendo que te detengas por tu seguridad. Que no te atrevas, siempre tan seguro de sí mismo.
El otro, caminando, sin mirar atrás ni a los costados. Solo caminando.
Toda la vida caminando sin llegar a ningún lugar.





Héctor Fariña (hachefe)


© Todos los derechos reservados