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domingo, 30 de enero de 2011

EL DIBUJO

REALIDADES QUE SE IGNORAN - Obra de Helena Arregui Lopez


esta bellísima obra de mi querida amiga Helena Arregui, artista visual uruguaya la cuál encuentro dramática, me ha inspirado el texto




Despertaba cada mañana con un sentimiento de angustia. Ese día, su cuerpo se resistía a levantarse del lecho, a comenzar una nueva jornada, otra jornada de tantas, aburridas de hastío sin voluntad de nada. La rutina del vacío la estaba consumiendo robándole a diario días preciados que no valoraba, sólo sentía pasar la vida sin más.
Se levantó y bebió su café negro como de costumbre y encendió el primer cigarrillo del día, luego otro, y otro, reflexionaba... se cuestionaba su razón de vivir.
Con pasos cansados que amortiguaban un peso muerto, fue en busca de sus grafitos y papeles blancos. Sentada, junto a la mesa de roble, comenzó a trazar líneas a modo de abstracta liberación, como si de esa manera expulsara en trazos sus penas contenidas. Encendió otro cigarrillo.
Sobre la mesa a su lado, una botella de vino blanco la incitaba a beber, copa tras copa.
Comenzó a dibujar un cuerpo enjuto de mujer con rostro doliente suplicando al cielo se la llevara a ese punto de luz. Una criatura en sus brazos apoyada en su corazón; ella con su brazo extendido como pidiendo limosna con gesto de piedad. El grafito comenzaba a marcar las sombras del pasado que no se ven pero se refleja en el rostro, dejando espacio para las luces, que asomaban tímidas en un cuerpo plano... sin volumen.
Otra copa de vino, otro cigarrillo.
Giró su cabeza y fijó la mirada en la fotografía de su pequeño hijo que había partido a la eternidad.
(Quiso llorarlo pero ya no tenía lágrimas)
-¡Querida, llegué!...¿está lista la cena? Tuve un día agotador… ¡Nooo...!
La mesa de roble muda testigo, estaba manchada de sangre. Varias botellas rotas sobre ella y el dibujo pintado de carmesí





A mi amiga Helena.


Elsa Gillari

©


domingo, 16 de enero de 2011

Poesías de SUSANA ARAMAYO inspiradas en obras visuales y digitales de Elsa Gillari






Ojo rojo


surgente


por entre los esquicios
de
la pena

prominente,

blanquecina que campea

y moja el rastro

de mi ojo

marcado

rojo

por

entre los días.




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Mil ojos cruzan las grietas

Celestes

de la tierra que sangra agua

por entre los intersticios de mis palmas.

Pozos de luz

espejan azules
intermitentes destellos

ahogándose en las sombras.




Malquerida Tierra
pidiendo auxilio.




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Cuerpos blancos

yeso frío

en escabrosa serie repetidos

huyen agrandándose al horizonte.

Pechos bastos,

cuellos sin caras

danzan fantasmas

sobre los andenes del Sarmiento un día de verano.





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Te buscaba
con clicks urgentes.

Curvas sugerentes
semejan
manos multicolores
enlazadas.

Pérfidas nalgas
rosadas/amarillas,
pies perfectos
perturbadores, hollando
la era de Acuario.





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(al Indoamericano)
Putas manos


pinchadas sobre las
palabras


fútiles de los
diarios


marcando stops

que detengan

los hambrientos

arrinconados en los
días


del escarnio.



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Miro

la pintura suspendida
en el aire,

el poliedro jugando, reptando sobre el tenue
encaje

el gris en un mar infinito

en gotas yendo,

abismándose...

los rojos

similando aquel mar

en gruesos borbotones

sobre tu pecho



yaces sobre la
alfombra

insanablemente muerta

maniquí de cera



qué feo luce el
modelito

Dolce
&Gabbana

alado

sobre
tu rodilla tiesa.






Poesías: SUSANA ARAMAYO
Copyright

Obras visuales y digitales: Elsa Gillari
todos los derechos reservados
*safe creative
copyright

viernes, 7 de enero de 2011

SI ALGUNA VEZ....




“Amar es encontrar en la felicidad de otro tu propia felicidad”
Gottfried Leibniz


cuando alguna vez te sientas solo y vacío que no puedas llorar
yo estoy contigo
cuando alguna vez te sientas triste y sientas la verdad como una herida que todo está muerto
yo soy la vida
cuando alguna vez no sientas nada y quieras sonreir
pero no puedes quieres escapar
yo soy la puerta
cuando alguna vez sientas tu hombre
y quieras entregarte y poder ser
yo soy mujer






elsa gillari
*safe creative



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VACILAR DE ESPEJOS
poema de Arlane


Ese día se presentó complicado. Un difícil equilibrio me sustentaba apenas, y el proceso racional, como el orden de los pasos y hasta la verticalidad, demandaban esfuerzos a los que no estoy dispuesto. Durante la noche, sueños absurdos y abominables interrumpieron la necesaria concentración para el descanso y las revelaciones de carácter onírico. Hasta creo haberme despertado por el sonido de mi propia voz, farfullando inteligibles discursos o rezos alejados de mi ateísmo militante. Luego, la división entre cuerpo astral y sólida piel, me dio la pauta de que esa sería una jornada al borde de las posibilidades. De pronto, manipulaba los habituales utensilios con la mano menos hábil, no lograba dar con el peinado que me distingue, ni mirarme en el espejo del baño sin atisbar cierto parecido a un lejano personaje del circo mudo.

Obligado por compromisos impostergables, debí salir a la calle cuyos sonidos me resultaron a cuentagotas. La gente que pasaba cerca, me observaba, sorprendida o indignada, noté que hasta las criaturas hacían señas de ay ese hombre, aferrándose a la mano de su vivo retrato.

Al fin, entré en paranoia y comencé a correr sin rumbo fijo, me introduje en el primer bar del camino, como buscando refugio de la hostilidad porque sí. Barruntando malos augurios, tembloroso, solicité dos medialunas y un cortado al mozo que no me quitaba los ojos de encima aunque estuviera de espaldas.

Una cualidad descubierta entonces, fue la de atisbar con la parte trasera de la cabeza, desde un sitio cuyo prurito ya me intrigaba más temprano; fue así que divisé al que me atendió cuchicheando con el hombre-mostrador, haciendo gestos de alerta o cólera sine quanom dirigidos hacia donde yo tramaba una huída elegante, aunque no pude descifrar la conversación bajo cuerda. Al rato, cuando masticaba la segunda factura y la calma hacía de mí su presa, vi entrar una pareja de lo más extraña, ambos llevaban uniformes verdes, con correas escarlatas cruzándole el pecho de pe a pa, y birrete al tono. Se dirigieron a hombre-mostrador, preguntaron algo, al tiempo que paneaban el local con aquellos ojos fotodigitales. Gracias a la nueva visión posterior, vislumbré que el empleado a buen precio me señalaba, respondiendo a la inquisitoria de marras. Acto seguido, el dúo levitó hasta mi mesa, y sin más, tomaron asiento, escrutándome mudamente y mandándose mensajes subliminales de texto. A la mujer la encontré familiar, sin precisar de dónde o cuándo; fue ella quien habló: - ¡Charlie!, ¿qué hacés acá?, te estamos esperando – La escena resultaba disparatada, el nombre no era el correcto ¿quién se llama Charlie en estos días como flechas?, ellos parecían estar mejor en un skech de Capusotto o un desfile de carnaval; y la medialuna, insólitamente, mutó en servilleta sin desprenderse de mi mano cuasi deletérea. Contesté, para no pasar por mal educado, aunque tenía la dentadura postiza enganchada a los últimos hilos: - me asaltó el deseo de consumir, que sé yo, algo artificial, like this... – y muestro la servilleta-factura a medio masticar. – No, no Charlie. Vos no estás autorizado a ingerir -, - ah – respondí, dándome por enterado de una orden o prescripción que ignoraba. El hombre de verde buscó entre el correaje, sacó una pequeña pastilla roja a lunares, y me la alcanzó; - tu pasaje de vuelta, Charlie -, dijo sonriente como candidato. Todavía restaba un fondo del café, que aproveché para tragar el misterioso medicamento. Sin pagar lo consumido, los tres nos levantamos y rumbeamos hacia un automóvil estacionado en la puerta. El vehículo, oscuro y antiguo, tenía sobre el techo una elegante luz giratoria azul. Claro que ya lo tenía visto, fue el primer cochecito metálico con suspensión que recibí en una navidad de hace siglos. Me sentí cómodo en el lujoso interior, tranquilo ante el primer signo favorable del día. La mujer entonó una canción (¿de cuna, de cana?) muy sedante y dulce, supuse que la tenía bien practicada pues no usó partitura ni auriculares. Su acompañante miraba por la ventanilla, con el birrete en la mano y lágrimas en la mejilla. Me sorprendió la cabeza totalmente calva, terminada en punta que lucían mis nuevos amigos de la infancia. De pronto, mi testa comenzó a picar más fuerte que antes y al elevar la mano izquierda para rascarme, no logré encontrar el punto exacto de la comezón, ni con la parte de mí que tenía por cabeza. Toque, sí, algo esponjoso y húmedo. Quise llorar ante el desconcierto que me embargaba, pero la melodía de mi custodia femenina funcionó como narcótico. Me dormí, rendido a lo que el destino deparara. Los sucesos del día, además de no haber ingerido una comida como dios manda, me sumieron en un mundo mejor. Entre las redes letárgicas, se hizo lugar la intuición de que aquella pastilla a lunares, proporcionada por Erik ( ¡Erik era el nombre!. ¿ Cómo lo pude olvidar ? ) influyó en mi ánimo. La melodiosa voz de Kata se transformó en silbido, acunando los jirones de cavilaciones acaso tardías. No logré articular las palabras que tradujeran mi temor: ¿estoy muerto?. Cabecearía un rato, para dejar que este embrollo se enderezara solo; o dormiría tanto que ya no tendría sentido volver a despabilarse...

Desperté en la mañana de hoy, frente al espejo, en el que un Charly a boca de jarro me daba los buenos días. Busqué el frasco de pastillas a lunares, y luego de ingerir el par medicado, me dispuse a esperar el móvil, con el birrete ajustando el vértice de mi cabeza, y la esquela con la dirección del bar donde nos reunimos a diario.


Arlane escritor-poeta

martes, 4 de enero de 2011

EL ROSTRO DE LA TRISTEZA - creando juntas


dibujo en grafito, pintado con tratamiento digital







Elsa Gillari

© Todos los derechos reservados
prohibida su reproducción y derivados




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TOCAR FONDO
poema de Norma Aristeguy



Seres y voces alojan compacta realidad,

días y horas son la suma fatal

de lo irrepetible, además, irremediable.

Haberse parecido a otras caras.

Haber respirado idéntica moral.

Haberse equivocado.

Haber respetado algunas reglas

haberse rebelado ante otras.

Haber aportado el útero sumiso

al derecho de la especie.

Haber respondido a la raza,

a la tierra y a la clase,

con la impunidad del inocente.

Haber mordido la vida.



Vivir...

con el peso del desencanto,

la decepción y el engaño.

Seguir...

aunque los signos se pudran

en un lecho de mentiras

y los símbolos se quemen

en el ocaso de los héroes.

Cuando la fe ya no es Él,

y la raza, la tierra y la clase

son nada más que una fábula vetusta,

consagrada y perfecta,

para someter hasta los huesos del alma.

Alma confusa y agónica, atropellada por cambios,

herida por una honda tristeza

que le acapara los espacios infinitos

estorbando a la ternura, a la esperanza.



Inhalar...

los sueños rescatados a la vida.

Exhalar...

pesadillas extraídas del silencio.

Crepitar de carestías y desdichas,

de incertidumbre.

Indigencia de Dios y de valores,

ostentación de razón y de palabras.

Hoy y aquí, en la madurez

donde el miedo comienza a seducir

en continua paradoja,

golpear...

la última de las puertas

en busca de un exilio prematuro.

Tal vez, golpear en esa puerta

signifique cerrar otra,

entregarse...

al más oscuro desorden o a la más soberbia cordura

de no saber por qué se nace si se muere,

por qué se sobrevive en la locura

y, si Dios ha muerto,

la pesadilla de quién es esta humanidad

en eterna rotación hacia el principio.



Norma Aristeguy



Creando juntas.

sábado, 1 de enero de 2011

HISTERECTOMIA II



Pintura óleo sobre lienzo intervenida con tratamiento digital
Registro Aicoa seriada hasta 10 copias
copyright
Elsa Gillari