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miércoles, 29 de julio de 2009

CYBERVÍNCULO

Instalación con materiales reciclados.Vidrio, madera, metal, cuero y plástico. Conceptual
Título: "Cybervínculo" 
Elsa Gillari
Registro AICOA




   Misteriosamente apareció en su correo electrónico, un e-mail de una mujer que decía ser escritora y llamarse Carla. Ni recuerda como lo ubicó en el ciberespacio. Ella comenzó  contándole su particular historia sobre su “bipolaridad”. Se intercambiaron mensajes conectándose a diario. Cuando ella despertaba en sus noches, y necesitaba hablar,  fumar un cigarrillo, leer unas  palabras ciber reales de un amigo, él estaba allí esperando, creyendo consolar sus noches tan sólo unos minutos hasta que se volvía a dormir. Siempre estaba para ella. Acompañando su tortuoso trastorno mental, soportando agresiones que luego rogaban disculpas.
   Carla estaba escribiendo una novela, próxima a terminar y editar. Le enviaba por e-mail en archivo adjunto, algunos capítulos, y otras veces unos poemas, dedicados a hombres que pasaban por su vida. Le contaba sobre ella y el horario de sus medicamentos. Sus otoños de sufrimientos. Que había visitado su país, en el cual tenía amigos, y regresaría a quedarse para siempre.
   La relación parecía amistosa y sincera; estaba  conmovido por  dichos sufrimientos mentales, y la admiraba como  escritora. Así quedó atrapado en su historia. Sin ninguna explicación, ni acontecimiento alguno que lo justificara Carla lo eliminó  de su msn. La extrañaba a veces,  ya que le había tomado afecto, pero se resignó y decidió olvidarla. Entendió que nunca más tendría noticias de su anónima escritora que usaba un seudónimo. Sólo recordaba  que había tenido una amiga cibernética.
   Su vida había cambiado; comenzó a escribir poemas, expresando sentimientos, como su interior se lo dictaba. Escribir le atraía. Había entrado en el mundo de las letras. Se inició en un taller literario, descubriéndose poeta.
   Pasaron unos meses – cuando Carla sólo habitaba en sus recuerdos – que al abrir su correo electrónico, encuentra  sorprendido, un e-mail de una desconocida  escritora, quien le decía estar enamorada de él. Se sorprendió – recordó a su antigua  amiga - y  curioso por saber de qué se trataba, abrió impaciente el e-mail. Le decía que deseaba conocerlo e intrigado le responde aceptando complacer su deseo. En pocos días comenzaron a comunicarse por msn. Otra vez, en esta nueva ciber- amistad la enorme distancia los separaba.  La misma diferencia horaria que el país de Carla. La nueva escritora  apareció también sorpresivamente en su vida, atrapándolo hábilmente. Sus narraciones sangraban ese corazón quebrado, cargando dolorosos recuerdos de su historia.
   Entablaron una relación que iba más allá del ciber-espacio. Él se enamoró  de su Ser, su sensibilidad, su personalidad... de sus textos. Aunque se preguntaba si era amor lo que sentía o estaba seducido y atrapado por una constrictora serpiente que lo enroscaba en sus noches de búho. Sorprendido de sí mismo por la intensidad del sentimiento y atracción sexual  hacia una mujer que ni siquiera conocía su rostro.  Esperaba ansioso leer nuevos capítulos de su novela, que intuía  retazos de su vida narrados con delicada sutileza.
   Suponía una edad. Imaginaba su cuerpo. No era importante para él, sabía que nunca tocaría su piel. La distancia era un impedimento; aunque en un momento le dijo que viajaría para estar con ella, una promesa que no sabía si cumpliría. La escritora lo había cautivado. Revivía, su monótona vida, con tan solo leer unas líneas de ella,  al activar su ordenador, el día era día.
   Poco tiempo transcurrió,  pero el suficiente para sentirse  vivo, -se lo dijo.  Necesitaba conocer su rostro, mirarla a los ojos, rozar sus labios, saborear su piel, completar esa desbordante pasión descontrolada que lo consumía. Ella decía desearlo como hombre, deseaba poseerlo experimentando lo mas animal de las pasiones, recorrer cada espacio de su cuerpo; ya viéndose en el abismo y sin más elección que ella, aceptó beber de su veneno, llegar a la locura, si era el precio por tenerla. Ella, sin compasión, luego de llevarlo al extremo, lo eliminó de su msn, quedándose con su foto que le había pedido y en despedida una canción diciéndole que la olvidara. 
   Quedó vacío, sin rumbo, perdido, atrapado en la nada, desconcertado, sin respuesta alguna.  La musa inspiradora de sus poemas lo había abandonado.
Abre su correo electrónico a diario. Encuentra  e-mail de desconocidas, pero ya no los responde.

   Sorprendido, en su recorrida al pasado, leyó el último archivo recibido y recordó el primero de Carla; comparó los textos de ambas escritoras y descubrió asombrado similitudes y personajes con el mismo nombre en la novela de diferentes autoras.  Recorre cada línea descubriendo que es la misma autora. Sigue señales, huellas que le iba dejando sin verlas antes; se sintió  impotente. Le escribió a su correo sin recibir jamás una respuesta.
   Tal vez el inexplicable destino, por motivos laborales, está en esa ciudad donde dijo habitar “la escritora”. Sentado en un bar,  recordando la canción que ella le enviara.  Camina por sus avenidas, bordeadas con flores de verano, el calor es intenso,  la busca sabiendo que no la encontrará.  Seguramente, pasa a su lado sin saber que es ella. La imagina, sentada en una plaza de esa inmensa ciudad, con su ordenador portátil, escribiéndole a una nueva víctima, actuando,  un nuevo personaje para el final de su novela.
   El destino caprichoso lo ha llevado a esa ciudad.  
   Se sentó en un bar, esperando a nadie...



Elsa Gillari 
2009
*Safe Creative

1 comentario:

  1. Dios mío, qué fuerte, qué intenso, qué desolada me dejó este relato, como si fuera él y ella al mismo tiempo, no, ella no, nunca ella, o tal vez sí, no lo sé, no, yo atravesaría el mundo y el tiempo por un amor, un ciberamor, una sombra de amor...¿o sólo lo haría para después escribirlo? ¿Acaso escribir no es lo único que sé hacer? Ay, me mataste, me hiciste trizas, sos una genia.

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